LIBERTAD
Tenía 5 años cuando mis padres no me podían proporcionar comida y me abandonaron. No estoy segura de cómo sucedió todo, pero el hecho es que terminé siendo esclava y haciendo las tareas domésticas de una familia rica. Lo único que obtenía a cambio de todo ese trabajo sucio, forzado y cruel eran las sobras de la comida de dicha familia y un lecho con algo de paja donde dormir, justo al lado de las gallinas. La verdad ya no me veía diferente a un animal, me sentía tan humillada... pero era una esclava y no tenía más remedio que aceptarlo.
Crecí con esa vida, pensando que nunca saldría de esa cárcel. Cumplí alrededor de 17 años cuando las cosas empezaron a empeorar. Como si mi condición no fuese lo suficientemente torturante y penosa, el hijo de la familia me estuvo violando por las noches durante una buena temporada. Me usaba como un juguete y nadie le decía nada. De hecho en esa casa todos me trataban fatal y tenía la sensación que apenas tenía permiso para respirar. Me sentía tan oprimida que ya no me acordaba ni qué significaba ser humana, y ser feliz aún menos. Realmente sentía que mi vida se echaba a perder cada vez más y más, pero por mucho que pensara no encontraba una salida. No obstante, un día todo cambió.
Era muy temprano por la mañana y yo había sacado las cabras a pastar, cuando conocí a Kimathi. Me enamoré completamente de él pero sabía que por mucho que soñara no conseguiría nunca lo que querría. Entonces Kimathi me habló y nos hicimos amigos. Hasta me llegó a enseñar un poco de matemáticas e inglés. Además, él me explicó que “Kimathi” es el nombre de un revolucionario que luchó arduamente contra los británicos para conseguir la libertad de Kenia. Todo eso me inspiró muchísimo y desde aquel día pude hacer algo que hasta ahora nunca hice, y eso es soñar. Mi sueño era ser libre y casarme con Kimathi, y también estudiar, ir a esos lugares llamados universidad y poder ser abogada. En el momento en el que tuve un sueño empecé a luchar, luchar contra toda esa injusticia y busqué la libertad. Una libertad que hasta ese momento ya ni me molestaba en desear, porque lo veía demasiado imposible. Pero si Kenia y millones de personas en el mundo la consiguieron, ¿por qué yo no? Entonces fue cuando me atreví a huir de la familia hasta encontrarme con una ONG antiesclavista que me ayudó a rehacer mi vida y tener cierta dignidad.
Después de estudiar y con mucho esfuerzo logré alcanzar mi preciado sueño y, actualmente, soy abogada en Sudáfrica. Además, Kimathiy y yo formamos una preciosa familia. Pero por encima de todo esto, ahora soy libre. La libertad es algo tan valioso pero que sin embargo muy pocos apreciamos como deberíamos. Aunque también es verdad que hay distintas libertades, y tal vez no todas son del todo factibles dentro de una sociedad, ya que existen leyes que deben limitar las acciones humanas para que reine el orden y la paz. Aún así, todos los seres del mundo deberían disponer de un mínimo de libertades. En el caso de que alguien carezca de ellas, que no carezca de esperanza, porque ese “tal vez no es imposible” es lo que a mí me condujo hasta la libertad. Es una pena que haya gente que aún no tenga la libertad que todo ser humano merece, esa libertad de ser uno mismo y de vivir la vida como uno desea (siempre dentro de ciertos límites). Como bien decía Platón, “la libertad está en ser dueños de nuestras vidas”, por eso nunca jamás dejaré que nadie me arrebate ese dominio.

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