MI VERSIÓN DE EL CUENTO "LA RATITA PRESUMIDA"
LA RATITA FUTBOLISTA
El
cuento de toda la vida narra que soy una ratita muy presumida y coqueta, pero no
es verdad y, a
consecuencia de esto, el cuento adopta un sentido completamente distinto
a la realidad, que es esta:
Un día, estaba yo feliz jugando con mi balón de fútbol en el parque cuando me encontré con una
camiseta del FCB sobre un banco. Pero no era uno cualquiera: llevaba bordado un
símbolo que aprobaba que ese jersey era 100% original (y que debía costar unos
800 pavos). A mí, además
de jugar a fútbol, también me gustaba verlo y yo era del FCB, mientras que todos los
del pueblo eran del RM. Pero como siempre lo había ocultado por miedo a perder a
mis amigos, quería ponérmela y ver cómo reaccionaría la gente. Me detuve un
momento y pensé: "Llevármela sería como robarla, es decir, cometer un delito", sin embargo, la tentación
de llevar algo tan valioso me pudo y me la puse.
Decidí presumir esa camiseta dando una vuelta por el pueblo. Bueno, tal
vez un poco presumida sí que soy. Cuando ya me acercaba a la plaza mayor me encontré con la gente
del pueblo manifestándose para que dejaran de talar árboles. Cuando me vieron, todos
se quedaron mirando mi camiseta, sorprendidos, ya que yo no me podía permitir
comprar algo tan caro y, sin
embargo, lo poseía. Mis amigos, el burro, el perro y el gallo, me
saludaron y me preguntaron por la camiseta, menos el ratón, que me pidió que
habláramos en privado, y nos alejamos un poco de los otros. El ratón,
pensándose que me había tocado la lotería, me pidió salir, y yo le dije que sí porque estaba enamorada
de él. Me uní a la manifestación y decidí quedarme con la camiseta hasta que su
dueño lo reclamase.
Al cabo de unos días, un gato preguntó a cada habitante del pueblo si
habían visto una camiseta muy cara del FCB. Entonces, todos se dieron cuenta de
que "mi" camiseta era en verdad del gato, pero no quisieron delatarme
y todos respondieron que no, menos el interesado del ratón, que respondió que le
sonaba haberla visto en mi casa. El ratón no me quería y no me di cuenta de eso
hasta que rompió conmigo cuando supo que no era rica. Cuando el gato llegó a mi
casa a preguntar por la camiseta y le dije que no sabía nada de él, se fue.
Pero había algo en mi interior que me remordía, y eso era mi consciencia.
Pasaron unos meses hasta que no pude más y, finalmente, conseguí localizar al gato y devolverle la camiseta.
Pero lo más interesante viene ahora: Él me dijo que todo era un experimento
social para ver qué haría la gente en una situación como la mía y que él era del
RM, por lo que, si como mínimo le hubiera dado la camiseta cuando lo estaba
buscando, me lo hubiera regalado, pero como no lo hice…
Terminé llorando de arrepentimiento y de rabia por no haberme quedado con
esa camiseta para siempre, y ese fue el peor día de mi vida. Así que, niños, no
está bien mentir porque
después tiene sus consecuencias, por lo que debéis ser sinceros y honestos. Y
como último mensaje: Vigilad porque
las apariencias engañan, incluso en el amor.
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